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Presentación

Directorio de Adoración Pública - Westminster 1645

Directorio de Adoración Pública de la Asamblea de Westminster (1645), con audio y PDF gratis: guía completa para el culto público reformado

Presentación de westminster1647.com: no forma parte de los documentos de la Asamblea de Westminster.

El culto no es un aspecto secundario de la vida cristiana: es aquello para lo que el hombre fue creado. «El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre» (Catecismo Menor, 1). Por eso Dios nunca ha dejado a la invención humana la manera en que ha de ser adorado: «Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás» (Dt 12:32).

No es casual que el Directorio para la Adoración Pública de Dios fuera el primer documento que la Asamblea de Westminster llevó a término. Lo concluyó a finales de 1644, antes que la Confesión de Fe y que los Catecismos, y al establecerlo el Parlamento de Inglaterra abolió el Libro de Oración Común. Los teólogos entendían que la reforma de la Iglesia empieza por la reforma de su culto.

La historia de la Iglesia lo confirma una y otra vez. Cuando Israel se apartaba de Dios, no lo hacía primero negando su nombre, sino adorándolo a su manera: los becerros de Jeroboam se presentaron como los dioses que habían sacado a Israel de Egipto (1 R 12:28), y el fuego de Nadab y Abiú fue «fuego extraño, que él nunca les mandó» (Lv 10:1). Lo mismo sucedió en la Iglesia medieval: al culto se le fueron añadiendo ceremonias, imágenes y ritos de invención humana, hasta desembocar en abierta idolatría.

Hoy la tentación ha cambiado de forma, pero no de naturaleza. Donde antes se levantaban altares e imágenes, ahora se levantan escenarios, luces y espectáculo; el culto se juzga por su capacidad de atraer y de emocionar, y no por su fidelidad a lo que Dios ha mandado. Entonces como ahora, lo primero que se pervierte es el culto, y tras él cae la doctrina.

Frente a ambas desviaciones, el Directorio aplica lo que la Confesión formularía después como principio regulador del culto: «la forma aceptable de adoración al Dios verdadero, está instituida por Él mismo, y está de tal manera limitada por su propia voluntad revelada, que no debe ser adorado según las imaginaciones e invenciones de los hombres, o según las sugerencias de Satanás; bajo ninguna representación visible, o en alguna otra forma que no esté prescrita en la Biblia» (CFW 21.1; cf. Catecismo Mayor, 108-109).

En las páginas que siguen encontrará el lector cómo ordenó la Asamblea las partes del culto público: la lectura de la Palabra, la oración, la predicación, los sacramentos y el canto de los salmos. No es un libro de oraciones para recitar, sino la aplicación sobria y reverente de lo que la Escritura manda. Precede al Directorio el acta con que lo aprobaron la Iglesia y el Parlamento de Escocia en 1645.