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Presentación

Catecismo Menor de Westminster (1647) - Preguntas y Respuestas

Catecismo Menor de Westminster (1647), con audio y PDF gratis: las 107 preguntas y respuestas del catecismo reformado con referencias bíblicas

Presentación de westminster1647.com: no forma parte de los documentos de la Asamblea de Westminster.

Pocas páginas han hecho tanto bien con tan pocas palabras. En 107 preguntas y respuestas, el Catecismo Menor recorre toda la fe cristiana: quién es Dios, qué ha hecho, cómo salva al pecador por Cristo y qué deberes impone al hombre. La Asamblea de Westminster lo preparó a la vez que el Mayor, con la misma doctrina, pero con otro propósito: la Iglesia de Escocia lo aprobó como «directorio para catequizar a los menos instruidos». Es la puerta de entrada: la «leche espiritual no adulterada» con la que el creyente recién nacido comienza a crecer (1 P 2:2).

Su brevedad no es pobreza, sino fruto de un trabajo minucioso. Cada respuesta pesa sus palabras con precisión teológica, y muchas se han quedado grabadas para siempre en la memoria de generaciones enteras. La primera responde a la pregunta más honda que puede hacerse un hombre: «El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre». Y a la pregunta «¿Qué es Dios?» contesta con una de las definiciones más admiradas que ha dado la teología: «Dios es un Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia y verdad».

Está hecho para aprenderse de memoria. Casi todas las respuestas recogen los términos de su pregunta, de modo que se sostienen por sí solas y pueden recitarse sin necesidad de ella. No se escribió solo para leerse una vez, sino para repetirse hasta que la verdad quede escrita en el corazón, como Dios mandó a Israel: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes» (Dt 6:6-7).

Por eso su lugar natural es el hogar. Durante siglos, en Escocia, en Inglaterra y en América, los padres lo enseñaron a sus hijos, y los ministros examinaban a las familias en él. Muchos que nunca leyeron un tratado de teología sabían de memoria sus respuestas y las repetían en la enfermedad y en el lecho de muerte. Así se cumplía lo que se dijo de Timoteo, que «desde la niñez» había sabido «las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

Hoy muchos padres cristianos dejan la formación de sus hijos en manos ajenas, y muchas iglesias han abandonado la catequesis por considerarla árida o anticuada. Pero el niño que aprende por qué fue creado, quién es Dios y qué ha hecho Cristo por los pecadores lleva consigo, para toda la vida, un fundamento que ninguna moda podrá quitarle: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Pr 22:6). Y no es solo para niños: al creyente adulto que nunca lo aprendió le ofrece, en pocas páginas, el esqueleto entero de la fe, que después podrá ahondar en el Catecismo Mayor y en la Confesión.

Precede al Catecismo el acta con que lo aprobó la Asamblea General de la Iglesia de Escocia en 1648.