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Presentación

Pacto Nacional de Escocia (National Covenant, 1638)

El Pacto Nacional de Escocia (National Covenant, 1638), texto completo con PDF gratis: la Confesión de fe de 1581, las leyes del Parlamento y el pacto de 1638

Presentación de westminster1647.com: no forma parte de los documentos de la Asamblea de Westminster.

El Pacto Nacional es el hermano mayor de la Liga y Pacto Solemnes. Cinco años antes de que Escocia, Inglaterra e Irlanda se unieran en aquella liga, la nación escocesa se había comprometido ya, en 1638, a defender la religión reformada frente a las imposiciones del rey. Sin el Pacto Nacional no se entiende la Liga, ni la presencia escocesa en la Asamblea de Westminster. Por eso las ediciones escocesas de la Confesión de Fe lo imprimieron durante siglos junto a los Estándares, y así lo recogemos también aquí.

Su núcleo es mucho más antiguo que 1638. En enero de 1581 el joven rey Jacobo VI y su casa firmaron una breve confesión de fe, redactada por el ministro John Craig, en un momento en que se temía el regreso del papismo a la corte. Es la que se conoce como Confesión Negativa, porque, además de adherirse a la Confesión Escocesa de 1560, enumera y rechaza una por una las doctrinas y prácticas de Roma. Toda la nación la suscribió de nuevo en 1590.

Medio siglo después, Carlos I quiso llevar a su término lo que su padre había empezado: gobernar la Iglesia de Escocia por medio de obispos y ajustar su culto al de la Iglesia de Inglaterra. Los cinco artículos de Perth de 1618 ya habían impuesto, entre otras cosas, arrodillarse para recibir la Cena del Señor y guardar días santos; en 1637 el rey ordenó, sin consultar a la Iglesia ni al Parlamento, un nuevo libro de oración al estilo anglicano. El día en que se leyó por primera vez en la iglesia de St Giles de Edimburgo, en julio de 1637, estalló un tumulto, y la resistencia se extendió por todo el reino.

La respuesta fue el Pacto. Lo redactaron el ministro Alexander Henderson y el abogado Archibald Johnston de Wariston, y empezó a firmarse el 28 de febrero de 1638 en la iglesia de Greyfriars de Edimburgo; en pocas semanas lo habían suscrito miles de personas de todos los estados en todo el país. No inventaron una religión nueva: renovaron la confesión que el propio rey Jacobo había jurado. Su fuerza estaba precisamente en eso: los firmantes no se levantaban contra la ley, sino que defendían la religión que las leyes del reino ya habían establecido.

De ahí su estructura, en tres partes que aquí hemos separado para facilitar la lectura. Primero, la Confesión de 1581. Después, una larga relación de leyes del Parlamento escocés que condenan el papismo, protegen la religión reformada y obligan a los reyes a defenderla desde su coronación, y que ocupa casi la mitad del documento; es su argumento jurídico, obra de Johnston. Por último, el pacto propiamente dicho, en el que los firmantes prometen y juran, «por el GRAN NOMBRE DEL SEÑOR NUESTRO DIOS», perseverar en la verdadera religión, defenderla, defender también al rey en la defensa de ella y vivir como conviene a «cristianos que han renovado su pacto con Dios». Como en 1581, no querían solo una firma: «creemos con nuestros corazones, confesamos con nuestras bocas, suscribimos con nuestras manos».

En su redacción de 1638 el Pacto dejaba en suspenso las novedades que se habían introducido «hasta que sean examinados y admitidos en Asambleas libres y en el Parlamento». La Asamblea General reunida en Glasgow en noviembre de 1638 destituyó a los obispos, y la de 1639 declaró ilegítimos el gobierno de la Iglesia por obispos y los artículos de Perth. Esa determinación se añadió al Pacto en su suscripción de 1639, y es la breve declaración con que se cierra.

Lo demás está en la presentación de la Liga y Pacto Solemnes: la guerra con el rey, la alianza con el Parlamento inglés de 1643, los comisionados escoceses en Westminster. Carlos II juró el Pacto Nacional junto con la Liga en 1650 y 1651; restaurado en el trono, los repudió, y los presbiterianos que se mantuvieron fieles a ellos, los covenanters, fueron perseguidos durante décadas. Leer hoy el Pacto Nacional es asistir al momento en que una nación entera se comprometió con Dios a mantener la fe reformada, y comprender de dónde salió el impulso que condujo a la Asamblea de Westminster.

Precede al Pacto su título original, que resume la historia de sus suscripciones entre 1580 y 1651.