Por dónde empezar
Quien llega por primera vez a estos documentos puede sentirse algo perdido: son muchos, son antiguos y algunos llevan nombres poco familiares. Estas líneas quieren servir de orientación.
Qué son
En 1643, en plena guerra civil, el Parlamento de Inglaterra convocó una asamblea de teólogos para reformar la Iglesia de Inglaterra conforme a la Palabra de Dios. Se reunió por primera vez el 1 de julio de ese año en la abadía de Westminster, en Londres, y de ahí le viene el nombre. Eran más de un centenar de ministros, a los que se sumaron algunos miembros del Parlamento y, tras la Liga y Pacto Solemnes de septiembre de 1643, comisionados de la Iglesia de Escocia. En seis años de trabajo redactaron lo que hoy llamamos los Estándares de Westminster, que muchas iglesias presbiterianas han tenido desde entonces como norma de doctrina, culto y gobierno.
Son cinco documentos. La Confesión de Fe expone en treinta y tres capítulos lo que la Iglesia cree, desde la Escritura hasta el juicio final. El Catecismo Menor y el Catecismo Mayor enseñan esa misma fe por preguntas y respuestas, uno de forma breve y el otro por extenso. El Directorio de Adoración Pública ordena el culto de la congregación, y la Forma de Gobierno Presbiteriano explica cómo se gobierna la Iglesia por medio de pastores y ancianos, reunidos en la asamblea de cada congregación, en el presbiterio y en los sínodos.
El menú recoge también, bajo el título de Documentos Anexos, otros textos que los rodean: los que los precedieron en Escocia, los pactos que llevaron a la Asamblea, el Directorio para el culto en las familias y los prólogos de la edición de Londres de 1658, entre otros.
Por qué merece la pena leerlos
Durante casi cuatro siglos, estos documentos han servido para enseñar la fe a niños y adultos, para formar a los ministros y para que muchas iglesias supieran con precisión qué creían. No es un mérito menor: la Confesión fue además el modelo del que partieron los congregacionalistas en la Declaración de Saboya y los bautistas en la Confesión de Londres. Pero su valor no está en su antigüedad, sino en que recogen con orden y claridad lo que enseña la Escritura, y lo prueban con ella a cada paso. En un tiempo en que muchos cristianos no saben decir con precisión lo que creen, leerlos ayuda a conocer la fe, a defenderla y a transmitirla.
Por dónde empezar
No hace falta leerlo todo, y menos de un tirón. Lo más sencillo es empezar por el Catecismo Menor. Son 107 preguntas cortas, y ya la primera señala hacia dónde apunta todo lo demás: «¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre». Basta con leer un par de preguntas al día, o con escucharlas.
Después viene bien la Confesión de Fe, que dice lo mismo con más detalle. Su primer capítulo, sobre la Sagrada Escritura, es el cimiento de los demás, y merece la pena empezar por él. El Catecismo Mayor sirve luego para ahondar, sobre todo en lo que enseña acerca de los Diez Mandamientos y del Padrenuestro. Los Directorios y la Forma de Gobierno pueden quedar para cuando interese saber cómo se vive esa fe en el culto y en la Iglesia.
Cada sección empieza con una presentación breve que sitúa el documento en su tiempo, y leerla antes ayuda.
No todo tiene el mismo peso
Aquí hay mucho material, y no todo sirve de la misma manera a la vida cristiana. Una parte alimenta la fe. Otra, de gran valor también, interesa sobre todo para conocer la historia.
Lo primero, claro está, es la Biblia misma, que estos documentos no hacen más que resumir. Con ella van los salmos, que son Palabra de Dios y que el Directorio manda cantar en la congregación y en las casas; el Salterio los recoge con sus melodías. Vienen después los Catecismos y la Confesión de Fe, que son lo principal de este sitio. Para el uso de cada día ayudan también dos escritos breves: la Suma del Conocimiento Salvador, que se escribió para explicar el camino de la salvación a la gente sencilla, y el Directorio para el culto en las familias.
El Directorio de Adoración Pública y la Forma de Gobierno se ocupan del orden del culto y del gobierno de la Iglesia. A todo cristiano le conviene conocerlos, aunque atañen más de cerca a quienes tienen alguna responsabilidad en ella.
El resto de los Documentos Anexos (los pactos escoceses y la Liga y Pacto Solemnes, la Confesión Escocesa y el Segundo Libro de Disciplina, la revisión de los Treinta y Nueve Artículos, las actas de aprobación, los prólogos de 1658) y las Revisiones de la CFW sirven sobre todo para entender de dónde salieron estos documentos, en qué circunstancias se escribieron y cómo los recibieron las iglesias. Tienen mucho valor, pero no son el sitio por donde empezar, y quien no sienta interés por la historia puede dejarlos para más adelante. El Reconocimiento Solemne es una excepción a medias, porque su examen de los pecados de toda una nación se lee también con provecho para el alma.
Cómo leerlos
Con calma. Son textos del siglo XVII, escritos con mucho cuidado, y rinden más leídos poco a poco, y vueltos a leer, que de corrido.
Con la Biblia abierta. Casi cada afirmación lleva al lado los pasajes de la Escritura en que se apoya. La Asamblea los añadió para que cualquier lector pudiera comprobar por sí mismo que lo que se dice está en la Palabra de Dios.
Sin confundirlos con ella. Estos documentos no se ponen a la altura de la Escritura: quieren resumirla con fidelidad y se someten a ella. Lo dice la propia Confesión cuando afirma que el Juez Supremo de toda controversia es «el Espíritu Santo, que habla en la Escritura», y que los sínodos y concilios «pueden errar; y muchos han errado», de modo que no han de ser la regla de la fe, sino «una ayuda».
Y, si se puede, en compañía. Se escribieron para enseñarse en las familias y en las iglesias, y se entienden mejor leídos con otros, preguntando lo que no queda claro.
Cómo usar este sitio
Los documentos pueden escucharse en todos los idiomas del sitio menos en árabe, y en casi todos el texto se va marcando a medida que suena; con el botón de reproducir todo, las secciones se oyen una detrás de otra. Cada documento se puede descargar entero en PDF, y el buscador de arriba encuentra cualquier palabra o frase en todos ellos. El sitio está en catorce idiomas, que se cambian desde la bandera que hay junto al menú, y en Biblia Online hay varias versiones de la Biblia para leer, comparar y buscar.
Algunas palabras que pueden extrañar
- Anciano (o presbítero)
- Oficial de la iglesia elegido por la congregación para gobernarla junto con el pastor.
- Presbiterio y sínodo
- El presbiterio es la asamblea de los pastores y ancianos de varias congregaciones; el sínodo reúne a los de una región o de toda una nación.
- Pacto
- En la doctrina, la relación que Dios establece con el hombre, en el pacto de obras y en el pacto de gracia. En la historia, los juramentos solemnes con que Escocia, Inglaterra e Irlanda se comprometieron a mantener la fe reformada.
- Prelatura
- Gobierno de la Iglesia por obispos y arzobispos con autoridad sobre los demás ministros. La Asamblea lo rechazó.
- Magistrado civil
- La autoridad pública, ya sea un rey, un parlamento o un juez.
- Día del Señor
- El domingo, al que la Confesión llama también Sábado cristiano: un día de cada siete que Dios ha apartado para el culto y el reposo.
- Sacramentos
- El Bautismo y la Cena del Señor, las dos señales y sellos instituidos por Cristo.