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Presentación

Segundo Libro de Disciplina (Second Book of Discipline, 1578)

El Segundo Libro de Disciplina de la Iglesia de Escocia (1578), texto completo: el primer tratado del gobierno presbiteriano, con PDF gratis

Presentación de westminster1647.com: no forma parte de los documentos de la Asamblea de Westminster.

Si la Confesión Escocesa es la fe de la Reforma escocesa, el Segundo Libro de Disciplina es su forma de gobierno. Tampoco es obra de la Asamblea de Westminster: se redactó entre 1576 y 1578, setenta años antes. Pero es el primer tratado completo del gobierno presbiteriano de la Iglesia, y los comisionados escoceses que llegaron a Westminster en 1643 lo traían en la cabeza cuando se debatió la Forma de Gobierno. Por eso lo recogemos aquí, junto a la Confesión Escocesa, como antecedente.

Hubo un Primer Libro de Disciplina, redactado en 1560 por los mismos ministros que escribieron la Confesión. Era un programa de reforma para una Iglesia recién nacida: ministros, lectores, superintendentes, escuelas en cada parroquia, universidades, el uso de los bienes de la Iglesia. El Parlamento nunca lo aprobó, en buena parte porque los nobles que se habían quedado con esos bienes no quisieron devolverlos. Quince años después la situación había cambiado: la Corona había vuelto a nombrar obispos, que cobraban las rentas de los antiguos obispados y a los que se quería dar autoridad sobre los ministros. Frente a eso, la Asamblea General encargó a una comisión que fijara por escrito el gobierno de la Iglesia. El alma de esa comisión fue Andrew Melville, que había vuelto de Ginebra en 1574, y la Asamblea aprobó el resultado en 1578.

Su punto de partida es una distinción que atraviesa todo el libro: la potestad de la Iglesia y la del magistrado civil vienen las dos de Dios, pero son distintas. La Iglesia tiene un gobierno espiritual propio, que procede inmediatamente de Cristo, «el único Rey y gobernador espiritual de su Iglesia»; los magistrados deben mantenerla y defenderla, pero no gobernarla, y los ministros no deben ejercer jurisdicción civil. Casi veinte años más tarde, en 1596, Melville se lo dijo en la cara a Jacobo VI: en Escocia hay dos reyes y dos reinos, y en el reino de Cristo, que es la Iglesia, el rey no es cabeza, sino miembro.

Sobre esa base el libro describe los oficios ordinarios y perpetuos de la Iglesia (pastores, doctores, ancianos y diáconos), cómo se ha de llamar y ordenar a cada uno, y las asambleas por las que la Iglesia se gobierna: el consistorio de ancianos en cada congregación, las asambleas provinciales, la nacional y la general. De ahí saca su conclusión más discutida: el nombre de obispo corresponde a todo pastor, y no hay en la Palabra de Dios un oficio de obispo que gobierne sobre los demás ministros. Los últimos capítulos se ocupan del patrimonio de la Iglesia, del oficio del magistrado cristiano, de los abusos que aún quedaban (entre ellos el patronato, que el libro quería abolir) y de los bienes que la reforma traería a todos los estados del reino.

El Parlamento no lo ratificó nunca como tal. La Asamblea General mandó registrarlo en sus actas en 1581, y durante el reinado de Jacobo VI fue la bandera de quienes resistían a los obispos: en 1592 el Parlamento reconoció por ley los presbiterios y las asambleas, pero pocos años después el rey restauró el episcopado. Cuando la Asamblea de Glasgow de 1638 lo derribó, fue a este libro al que se volvió. La Forma de Gobierno de Westminster dice en sustancia lo mismo, con más brevedad y con más apoyo bíblico: los mismos oficios, las mismas asambleas, la misma negativa a un obispo por encima de los presbíteros.

El texto que publicamos es el del impreso más antiguo, la edición que David Calderwood, desterrado en los Países Bajos, sacó en 1621 junto con el Primer Libro, en un tiempo en que los obispos volvían a gobernar la Iglesia de Escocia. Lo reproducimos con su ortografía, transcrito sobre las imágenes del impreso y cotejado con la reedición de Londres de 1641. Hemos corregido las erratas evidentes de la imprenta (letras cambiadas, palabras repetidas), y hemos puesto con sus acentos las tres palabras griegas del texto.