Presentación
Directorio de Adoración Privada y Familiar - Westminster
Directorio de Adoración Privada y Familiar de la Asamblea de Westminster, con audio y PDF gratis: guía para el culto doméstico y la devoción personal
Presentación de westminster1647.com: no forma parte de los documentos de la Asamblea de Westminster.
Este Directorio tiene un origen distinto del resto de los documentos de esta colección. No lo redactó la Asamblea de Westminster, sino la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, que lo aprobó en agosto de 1647 como complemento del Directorio para la Adoración Pública. Si aquel ordenaba el culto de la congregación, este ordena el que se da a Dios en la casa y en lo secreto. Por eso las ediciones escocesas lo imprimieron siempre junto a los documentos de Westminster, y así lo recogemos aquí.
La Confesión de Fe distingue tres ámbitos del culto: Dios «debe ser adorado en todo lugar, en espíritu y en verdad, diariamente; tanto privadamente en las familias, como en lo secreto cada uno por sí mismo. Así, también, mucho más solemnemente, en las reuniones públicas» (CFW 21.6). El culto público no sustituye al de la familia ni al de cada creyente a solas, y tampoco estos sustituyen a aquel: los tres se sostienen mutuamente. Un pueblo que solo busca a Dios el domingo, en la iglesia, difícilmente lo buscará bien allí.
La familia es la primera escuela de la fe. Dios dijo de Abraham: «yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová» (Gn 18:19), y Josué resumió su vida en una resolución: «yo y mi casa serviremos a Jehová» (Jos 24:15). A los padres se les manda criar a sus hijos «en disciplina y amonestación del Señor» (Ef 6:4). El Directorio da forma concreta a ese mandato: pide que la familia se reúna para la oración y las alabanzas y para leer la Escritura, con una catequesis clara que ayude a los más sencillos a aprovechar el culto público; y que el día del Señor, al volver de la congregación, el cabeza de familia repase con los suyos lo que han oído y dedique el resto del día a la catequesis y a la conversación sobre la Palabra. Thomas Manton, en su Epístola al lector, que puede leerse en este sitio, lo resumió así: «La familia es el seminario de la Iglesia y el Estado; y si los hijos no tienen buenos principios allí, todo fracasa».
La Iglesia de Escocia se tomaba este deber muy en serio. El acta que aprueba el Directorio encarga a los ministros y ancianos averiguar, familia por familia, si alguna descuidaba el culto familiar; y el cabeza de familia que, tras ser amonestado en privado y reprendido por el consistorio, persistía en ese descuido, debía ser apartado de la Cena del Señor hasta que se enmendase. Al mismo tiempo, el Directorio guarda el orden: no permite que el culto familiar degenere en reuniones de varias familias que compitan con la congregación ni que lo dirijan ociosos y vagabundos que, «bajo el pretexto de una vocación», se introducen en las casas, porque su propósito era «fomentar la piedad, mantener la unidad y evitar el cisma y la división».
Hoy el culto familiar ha desaparecido de la mayoría de los hogares cristianos, y a menudo sin que nadie lo eche en falta. Las prisas, las pantallas y la costumbre de dejar la formación de los hijos en manos de otros han vaciado la casa de lo que durante siglos la llenó: la Biblia abierta a la mesa, la oración en común, el salmo cantado al acabar el día. Ninguna reforma de la Iglesia será duradera si no llega a las familias, y ninguna familia es tan pequeña o tan sencilla que no pueda comenzar hoy.
Precede al Directorio el acta con que lo aprobó la Asamblea General de la Iglesia de Escocia en 1647.